A. P. / Shanghai Especial para EL MUNDO
En: El Mundo, NACIONAL
El secuestro de dos grupos de trabajadores chinos en el continente africano ha puesto en entredicho la capacidad de Pekín para asegurar a los peones de sus tratos económicos con países en desarrollo y, a menudo, en zonas conflictivas. Esta semana, el Gobierno del gigante asiático se enfrenta a la captura en Sudán de un equipo de obreros que construían una carretera en una zona rica en petróleo, después de que varios trabajadores chinos en una planta de cemento de Egipto fuesen liberados ayer tras un secuestro de varias horas a manos de unos beduinos. Según los analistas, ambos hechos ponen de manifiesto el peligro al que se enfrentan muchos trabajadores que acompañan a la expansión de las empresas chinas por el mundo. Su número se calcula en 5,5 millones y en la mayoría de los casos se trata de trabajadores de cualificación baja y media, puesto que las compañías prefieren importar su propia mano de obra por motivos culturales, prácticos y económicos. Trabajan en selvas de Sudamérica y desiertos de África en condiciones que se han revelado en ocasiones inhumanas, y en un clima de tensión con la población local, que muchas veces ve su desembarco con recelo. Los ingenieros y técnicos secuestrados en la región egipcia del Sinaí se dirigían al trabajo en un autobús de la empresa cuando fueron sorprendidos por un grupo armado que pedía la liberación de miembros de su tribu en manos de las autoridades. La agencia de noticias Xinhua confirmó ayer por la tarde que los 25 rehenes habían quedado libres en las primeras horas del miércoles. No se proporcionaron detalles sobre la posibilidad de un rescate o de concesiones al grupo de beduinos. Muchos de los proyectos donde trabajan las empresas chinas se dan en las esquinas más convulsas del mundo, donde las firmas occidentales no pueden llegar por costes, limitaciones políticas, embargos internacionales o cuestiones de imagen. Es el caso de Sudán, país gobernado por un sátrapa, pero rico en recursos energéticos. Aun así, los acuerdos no son siempre satisfactorios. China se ha llevado más de una sorpresa desagradable, como la evacuación hercúlea que organizó con gran efectividad el pasado año para sacar de Libia a 36.000 trabajadores atrapados en mitad del conflicto civil. Ayer, las autoridades seguían presionando al Gobierno de Sudán para que intervenga en la liberación de los 29 hombres y mujeres secuestrados en la provincia meridional de Kordofan. El lunes, Jartum anunció que su ejercitó había liberado a 14 rehenes, aunque China luego negó los hechos. El Movimiento de Liberación Popular de Sudán-Norte, grupo vinculado al Sudán del Sur, ha prometido velar por la seguridad de los rehenes siempre que Jartum no intente un rescate a la fuerza.LOS RETOS DEL DRAGÓN / Las libertades > MUNDO